Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad (Joseph Goebbels)
Mostrando entradas con la etiqueta sociología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociología. Mostrar todas las entradas

jueves, 2 de abril de 2015

Las mujeres y el cine de Ann Kaplan



Para quien le interese la cuestión de los roles de género en el cine, este ensayo de Ann Kaplan podría ser una de las lecturas de cabecera tanto para introducirse en el tema como para profundizar en él. Está dividido en dos partes; en la primera se estudian a través de una serie de títulos emblemáticos de la época clásica de Hollywood los principales estereotipos mediante los que el cine crea, y en cierto sentido impone a la sociedad o al menos colabora junto a otros medios en su imposición, un determinado concepto de lo femenino: la heroína víctima y pasiva, el fetiche erótico y la femme fatale que representa una amenaza que debe ser dominada por el patriarcado suelen ser los principales moldes que sirven para la construcción de los personajes femeninos en el cine comercial.

Mientras esta primera parte constituiría una especie de "así no", arquetipos que, más que la mujer real, representarían las fantasías, preferencias o pesadillas masculinas, en la segunda tendríamos el "así sí", mujeres detrás de la cámara, normalmente en el cine de autor o fuera de los circuitos comerciales, que intentan plantear otro tipo de discursos y plasmar las inquietudes reales de unos personajes femeninos que son sujetos de la acción en lugar de ser mostradas como "el otro" para el punto de vista de un espectador masculino. 

Resulta interesante profundizar en una obra cinematográfica y escarbar en la forma de ver el mundo, y en este caso de modelar un discurso sobre lo que son o lo que deben ser los hombres o las mujeres, que existe como subtexto en ella, dejando de lado los tópicos superficiales de "sólo se trata de películas" o el simplismo inocentón de pensar que un film es solo evasión y no también un vehículo transmisor de una ideología. No obstante, conviene igualmente no olvidar que la tesis expuesta por la autora, como cualquier otra que pueda desarrollar cualquier otro estudioso, va a estar basada siempre en una generalización, y por lo tanto una simplificación, que deja de lado matices y excepciones a la norma que en ocasiones pueden ser muy importantes: no todos los papeles femeninos, ni siquiera en el cine clásico y mucho menos en el actual, pueden reducirse a los estereotipos sexistas que aquí se exponen. 

Y también se podría sacar punta a los ejemplos positivos de personajes femeninos expuestos en el libro: según la autora el silencio femenino es una forma de rebelión en el film Nathalie Granger de Marguerite Duras (también lo sería por lo tanto en El piano, de Jane Campion), pero no es difícil darle la vuelta a esa idea y acusar a las directoras de promover que las mujeres se mantengan pasivas y calladas. Y es que una obra audiovisual, o de cualquier forma de narrativa, puede ser recibida de muy diferentes formas por cada espectador, que a veces puede extraer una lectura muy diferente a las intenciones del autor, o bien puede descubrir una intención del autor oculta o poco transparente para otros espectadores, como expone otro ensayista, Alberto Mira, para el público gay en otro interesante ensayo, Miradas insumisas. 

Con todo y con eso, resulta llamativo que muchos de los estereotipos que Kaplan estudia en el libro en películas de hace setenta u ochenta años siguen siendo reconocibles en el cine actual; visto que parece volver a estar en boga defender la educación separada por sexos o minimizar el componente cultural en las diferencias entre los géneros achacándolas a la biología y a lo "natural", seguramente vuelve a ser importante leer acerca de cómo se construyen los géneros, también desde el cine.

viernes, 13 de marzo de 2015

Diario de un skin de Antonio Salas


Antonio Salas es el seudónimo de un periodista que realizó poco antes de 2003, cuando vio la luz este libro, un trabajo de investigación en el que, inventándose una falsa identidad y transformándose físicamente, se infiltró de una manera hasta cierto punto similar a como lo haría un miembro de un cuerpo de seguridad del estado entre los grupos neonazis españoles para investigar sus actividades y sus vínculos con instituciones y partidos legales de ultraderecha. El título dado al libro, que efectivamente es un diario, ya anticipa que no se limita al reportaje periodístico sino que consiste principalmente en una crónica de la experiencia personal vivida, centrada principalmente en el coste psicológico que supone llegar a interiorizar la falsa identidad skin para no ser delatado, así como los sentimientos ambivalentes que surgen hacia los compañeros del grupo a los que se está en cierto sentido traicionando.

Esa mezcla de género periodístico y diario personal en el que se utilizan continuamente los recursos narrativos de la novela cautiva al lector, pero también dificulta valorar cuánto hay de real y cuánto de egolatría o de búsqueda de amarillismo en ciertos párrafos. Pero esto último no quita que nos encontremos ante un manual muy extenso de lo que es el movimiento neonazi en España, o al menos de lo que era hace unos diez años, desde todos sus prismas: sus campamentos juveniles paramilitares, su fascinación por las antiguas sociedades europeas, los celtas principalmente, y su cultura pagana, la escena musical de grupos con letras de exaltación patriótica y de odio al inmigrante, la activa red internacional de contactos con asociaciones hermanas de otros países, sus enfrentamientos con los red skins, etc. 

Muchos de estos datos son ya conocidos o el lector se los puede imaginar, pero otros pueden ser más novedosos, como la existencia de neonazis fuera de Europa e incluso en el mundo árabe, o la compleja relación de amor-odio entre los skins españoles y la extrema derecha tradicional, cuyos intereses convergen en muchos puntos pero no tapan del todo los desencuentros entre ambos: unos son ateos, paganos, igualitarios, aunque dentro de la obediencia a los líderes, abiertamente violentos y revolucionarios, mientras que los otros son católicos, conservadores, clasistas y partidarios de mantenerse en la legalidad. El autor pone en evidencia la hipocresía de la ultraderecha respetable, que utiliza a los skins de ariete y carne de cañón al mismo tiempo que los desprecia, y no oculta cierta empatía ante la ingenuidad y la falta de doblez de los neonazis, jóvenes cuyas pocas luces y su situación de riesgo de exclusión social, sea por causas económicas, familiares o psicológicas, les llevan a buscar un refugio en los grupos extremistas. La comprensión, que no justificación, hacia los integrantes de estos colectivos, en lugar de caricaturizarlos y limitarse a su demonización, que sería lo habitual y lo más fácil, es uno de los puntos fuertes del libro. 

Las grabaciones con cámara oculta descritas en Diario de un skin sirvieron como prueba judicial en la desarticulación del colectivo Hammerskin y dieron origen a un telefilm homónimo protagonizado por Tristán Ulloa en 2005. Salas prosiguió luego su carrera con otras infiltraciones en mundos igualmente escabrosos como el de la prostitución y la trata de blancas (El año que trafiqué con mujeres) o el terrorismo (El palestino), y recientemente ha dado el salto a la novela, género para el que está claramente capacitado, con Operación princesa; sus libros son claramente morbosos, pero ello no quiere decir que no vayan más allá ni que estén exentos de reflexión ni de contenido.

Más información:

jueves, 12 de febrero de 2015

Identidad y violencia de Amartya Sen



Los recientes asesinatos en la redacción del semanario francés Charlie hébdo ha vuelto a traer a la primera plana la amenaza del terrorismo islamista tras unos cuantos años en los que había pasado a segundo plano (a pesar de que durante todo ese periodo se han seguido produciendo atentados relacionados con el fundamentalismo religioso, aunque no en Occidente).  En el contexto de la primera histeria mediática surgida en torno a este asunto durante la pasada década tras el atentado de las torres gemelas de Nueva York, el indio Amartya Sen, premio Nobel de economía en 1998, respondió con Identidad y violencia (2007) a Choque de civilizaciones, un panfleto de Samuel Huntington que dio nombre a la corriente de opinión que proclamaba la imposibilidad del diálogo entre Oriente y Occidente y la amenaza que el primero supone para el segundo. 

Sen pone unos cuantos puntos sobre las íes negando dicho choque, y en consecuencia mostrándose reacio también a la idea de la necesidad de una alianza de civilizaciones, como la llamó nuestro ex-presidente Zapatero, al que el libro no menciona. Más bien el autor se cuestiona el mal uso de la palabra "civilización" como sinónimo de "religión", y nos recuerda que en los países llamados musulmanes existen minorías cristianas y muchas personas, asociaciones y movimientos laicos e incluso ateos, siendo todavía más grave el caso del país de origen del escritor, la India, que llevaría la denominación de "civilización hindú" cuando cuenta con una notable comunidad musulmana. 

El concepto de civilización musulmana o civilización hindú frente a Occidente, que constituiría la civilización cristiana, lleva a dar a los líderes religiosos un poder y una dimensión de representantes de toda la ciudadanía de un país que les beneficia enormemente y que no les corresponde, silenciando los movimientos laicos y la pluralidad existente en los distintos estados y fomentando así la represión de los mismos. Con gran sentido común, Sen reivindica el diálogo entre las autoridades civiles y políticas del planeta dejando a la religión en un segundo plano; aunque no sea agresivo ni tenga intención de polemizar, sus ideas suponen un toque de atención no solamente a los xenófobos que ven un peligro en las "otras civilizaciones", sino también a muchos progresistas seguramente bienintencionados que, al asumir una homogeneidad en las sociedades en función de la religión mayoritaria de cada una de ellas, acaban cometiendo el mismo error y compartiendo la misma visión simplona y reduccionista de los racistas, y por lo tanto fomentando el enfrentamiento entre "culturas", en realidad entre religiones, que en teoría pretenden evitar.

El autor ataca también el cliché de la cultura y de cómo se sobredimensiona la importancia de las llamadas diferencias culturales hasta convertirlas en algo insalvable. Propone ejemplos, como puede ser el de los países de Extremo Oriente, de lo muy rápido que puede evolucionar una sociedad y de lo relativamente sencillo que puede ser acabar con lastres culturales milenarios si se emplean las políticas adecuadas. Achacar el atraso o la falta de libertades o derechos humanos en un país a cuestiones atávicas puede ser a veces una excusa muy conveniente para los gobernantes mediocres.

A continuación un extracto del capítulo 1 del libro:

El cultivo de la violencia asociada con los conflictos de identidad parece repetirse en todo el mundo cada vez con mayor persistencia. Si bien es posible que el equilibro de poder en Ruanda y en el Congo haya cambiado, ambos grupos continúan teniéndose en la mira. La organización de una identidad islámica sudanesa agresiva, junto con la explotación de las divisiones raciales, ha conducido a la violación y a la matanza de las víctimas subyugadas en el sur de ese territorio atrozmente militarizado. Israel y Palestina continúan experimentando la furia de identidades dicotomizadas prestas a infligir penas abominables a la otra parte. Al-Qaeda depende en gran medida del cultivo y la explotación de una identidad islámica militante opuesta específicamente a los occidentales.

Más información:

Crítica del libro en La noche que se hizo madrugada
Crítica del libro en El exterior.es

martes, 30 de diciembre de 2014

El consumo de la utopía romántica de Eva Illouz



No solo las escritoras de novela rosa escriben sobre el amor. El romanticismo es también el tema favorito de la socióloga marroquí Eva Illouz; en El consumo de la utopía romántica, un ensayo de 1997 que no fue no traducido al español hasta 2009 a raíz del éxito de Intimidades congeladas, de la misma autora, realiza un estudio a partir de entrevistas a personas de orígenes y profesiones diversas preguntándoles sobre su idea de lo romántico. Los entrevistados de orígenes más humildes resultan tener imágenes muy estereotipadas del amor, mientras que aquellos de nivel económico y cultural más alto tienden a distanciarse más de las rosas rojas y las cajas de bombones en forma de corazón; las conclusiones extraídas de las encuestas se entremezclan con el análisis de los contenidos de las revistas dirigidas al público femenino y con una breve historia de la evolución del galanteo y de las citas para encontrar pareja durante los últimos algo más de cien años, que es la antigüedad aproximada que tiene el flirteo tal y como los entendemos ahora. 


Con la generalización de la vida en la ciudad, muchas jóvenes solteras trabajan, viven de forma un poco más independiente y empiezan a ser cortejadas por sus admiradores en locales públicos, dejando atrás los matrimonios concertados, salvo en las familias aristocráticas, y también las visitas de los galanes en las casas particulares bajo la atenta mirada de las madres de las chicas.

Esta presunta mayor libertad, no obstante, no reduce el papel que juega el dinero en el emparejamiento; los pretendientes con más posibles pueden llevar a sus enamoradas a locales más vistosos y ofrecerles entretenimientos más sofisticados. Echarse una novia empieza a ser un lujo que no todos pueden permitirse; paradójicamente, la mayor igualdad entre los sexos de las últimas décadas no ha impedido que los esquemas del capitalismo hayan penetrado más profundamente en todo el campo de las relaciones sentimentales. Las revistas femeninas, de hecho, son buena prueba de ello al hablar del amor y las intimidades en términos cada vez más de empresa, ensalzando la eficacia, la competitividad o la rapidez a la hora de elegir al candidato más adecuado ola importancia de ser un buen gestor de tiempos y recursos para mantener la ilusión en la pareja. Pero curiosamente, a pesar del pragmatismo empresarial difundido por la prensa, el tópico del amour fou, del flechazo y de la oposición entre amor e interés sigue muy presente en las personas encuestadas. Son contradicciones propias del capitalismo, de la mercantilización de muchos aspectos de la vida y del mundo de la publicidad, que no hacen ninguna excepción en el terreno de las relaciones íntimas, sino más bien todo lo contrario.

Más información:


jueves, 25 de septiembre de 2014

Rebelarse vende de Joseph Heath y Andrew Potter

Aunque defienda también los libros militantes anticapitalismo, como tiendo a ser más bien retorcido me encantan los ensayos ambiguos muy críticos tanto con la izquierda como con la derecha (ya se que generalmente eso lo dice la gente de derechas que no quiere reconocer que lo es, por eso recalco que este libro realmente no es de izquierdas ni de derechas en el sentido tradicional del término). Precisamente por no suscribirse a ningún lugar común, mueve a la reflexión y es de estos libros que debería leer todo el mundo, pero muy especialmente los militantes de izquierda que pequen de una cierta ingenuidad y que se piensen que todo el monte es orégano; no para que necesariamente cambien su forma de pensar, pero sí para que se planteen si ciertas posturas que se dan por sentadas no pueden resultar contraproducentes.

Y es que la tesis muy políticamente incorrecta de Rebelarse vende es que los movimientos contraculturales no es que acaben siendo asimilados por el capitalismo bajo la filosofía de si no puedes vencerlos únete a ellos, que es lo que se suele decir, sino que constituyen la propia esencia del capitalismo. Esta supuesta boutade se desgrana a lo largo de muchos capítulos en los que se va volviendo peligrosamente razonable. En el desprecio a la cultura de masas, ¿cuánto hay de auténtico anticapitalismo y cuánto de elitismo? ¿Por qué las críticas a la sociedad de consumo se ceban tanto con las marcas y las tiendas baratas y mucho menos con los artículos de lujo? ¿Por qué se toma siempre a McDonalds como chivo expiatorio del movimiento antisistema y no a Tiffany's o a Loewe? ¿No será que algunos supuestamente anticonsumistas en realidad son los más enganchados al consumo?

Mientras leía el libro recordaba a una chica punk que conocí que vivía en una casa okupa y que se pasaba todo el día en lo que ella llamaba "acciones contra el sistema" y que me pareció una de las personas más frívolas y consumistas que he conocido nunca, no tenía más tema de conversación que los anillos, muñequeras, tatuajes y ropa que llevaba; y la actriz "militante de izquierdas" que cuenta en El país semanal su boda por un rito de una tribu africana y la última ONG de moda que ha apadrinado y la princesa o duquesa que saca en ¡Hola!  las fotos de su matrimonio católico en tal catedral no me dejan de parecer dos caras de la misma moneda. Con esto no quiero generalizar, simplemente plantear si todo el que adopta ciertos clichés de lo que se supone que es ser alternativo lo es en realidad.

Por otra parte, ¿seguro que toda la cultura de masas es tan mala? Las películas y canciones más alabadas por los críticos, ¿en qué medida reciben esas alabanzas por ser realmente mejores y en qué medida porque les permiten distinguirse de los gustos de la masa y reafirmar su estatus de élite cultural? Tal vez sea el afán de creerse diferente y mejor que los demás el motor de todo el engranaje capitalista; el colocarnos por encima de la masa, o en su defecto el no querer quedarnos por detrás de ella, sería lo que nos empuja a consumir desenfrenadamente.

El libro tiene sus trampas, puesto que la contracultura difícilmente puede ser la madre del cordero, al menos no podría serlo sin unas multinacionales que, aunque tal vez sea cierto que no la tergiversan tanto como se podría pensar, desde luego sí la explotan y la llevan en la dirección que les interesa; por otra parte, atacar demasiado el elitismo nos puede llevar también a legitimar a las multinacionales, cuando tampoco se puede negar que algunos productos muy populares son de dudosa utilidad y calidad y su éxito se deriva  casi exclusivamente de la propaganda más alienante.

Pero este ensayo pone sobre la mesa una cuestión importantísima: mucho ojo cuando la contracultura derriba valores, que a pesar de ciertos aspectos rancios a veces llevan actitudes muy recomendables o incluso imprescindibles para la convivencia en sociedad, para sustituirlos por nada más que el simple consumismo; limitarse a derribar sin construir nada  como alternativa lleva de un lado a muchas personas a caer en adicciones y enfermedades psicológicas de todo tipo, y por otro al auge de grupos extremistas que reclaman esos valores que se han perdido y que, ante la ausencia de alternativas, siguen viendo como los únicos válidos. Y tampoco está mal cuestionarse desde una perspectiva serena, que puede ser criticable pero que no tiene nada que ver con la derecha cavernaria, a los popes del movimiento antisistema, ¿por qué no?

Más información:

jueves, 4 de septiembre de 2014

Una historia de la violencia de Robert Muchembled

Los medios de comunicación nos dicen que el mundo es cada vez más violento, y cada vez que ocurre algo truculento les encanta dedicarle atención y darle una enorme trascendencia, puesto que su prioridad, más que dar una información veraz, suele ser seguir intereses comerciales, y por lo tanto dejar de lado las historias que no tienen morbo frente a un buen titular sangriento que asegure grandes ventas. Sin embargo, a mí al menos me resulta más creíble la tesis que de forma muy documentada expone en este ensayo el historiador francés Robert Muchembled: la violencia en Europa no ha dejado de disminuir desde finales de la edad Media hasta en las últimas décadas, en las que ha protagonizado un leve repunte. Y la mayor parte de dicha violencia se produce en zonas rurales; las ciudades, pese a toda la literatura que nos ha convencido de lo contrario, se definen precisamente por el civismo y la contención de sus habitantes, cuyo resultado es una muy baja tasa de delitos violentos, la mayor parte de ellos sin consecuencias trágicas. Eso sí, la disminución de la violencia en la vía pública lleva consigo una triste consecuencia, el aumento de las agresiones en el hogar, lo que hoy conocemos como violencia de género y maltrato infantil.

El libro pone énfasis en el marcado carácter masculino y juvenil de la violencia; la mayor parte de detenidos y condenados son hombres menores de 30 años, un dato constante a lo largo de los siglos. El aspecto más atrevido es que el autor propone que los jóvenes utilizan sus rituales violentos para liberar la tensión que les producen las generaciones anteriores, que están en posesión de la mayor parte de bienes y riquezas, limitando o impidiendo el acceso a las mismas por parte de sus hijos o nietos. Para asegurarse la sumisión de los jóvenes, el sistema judicial les aprieta las tuercas especialmente a ellos mientras la prensa y la literatura exageran la peligrosidad de las infracciones juveniles justificando la mano dura con ellos y reclamando más.

Las actuales circunstancias, y esto ya es un añadido mío, parecen darle la razón al libro: mientras las generaciones maduras de la actualidad disfrutan o han disfrutado hasta hace muy poco de acceso a la vivienda, generosas jubilaciones anticipadas, prestaciones sociales aceptables y contratos laborales en condiciones dignas, ofrecen a la juventud un futuro de explotación laboral y exclusión social, poniendo la venda antes que la herida y demonizando y criminalizando cualquier tipo de protesta, real o hipotética, por su parte. A pesar de la represión cada vez mayor, es probable que en estas circunstancias el repunte de la violencia juvenil en las últimas décadas que comenta el autor vaya a más en los próximos tiempos y sirva como cortina de humo para desviar la atención de los delitos de cuello blanco, en realidad mucho más perjudiciales y dañinos, y sin embargo mucho menos temidos por la mayoría de la población.

Más información:
http://zonaliteratura.com/index.php/2010/12/06/a-proposito-de-una-historia-de-la-violencia-de-robert-muchembled/
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28750/Historia_de_la_violencia

viernes, 27 de junio de 2014

La cultura norteamericana contemporánea de Marvin Harris

Leer cualquier cosa de Marvin Harris, el padre de la antropología moderna, es uno de los mejores antídotos posibles contra la estupidez. Sus libros sobre las costumbres de tribus remotas son tal vez más famosos pero en esta ocasión aplica el mismo análisis a la sociedad de su tiempo. Si el libro era totalmente certero en su momento (1981) con los años se ha vuelto profético.

Con gran sencillez, Harris nos va explicando por qué cada vez tenemos que pagar cada vez más caros muchos servicios y productos a medida que empeora su calidad, por qué la administración pública es cada vez menos eficiente, y por qué en las empresas privadas el despilfarro y la inutilidad son todavía mayores, temas de la más rabiosa actualidad. Y muestra a continuación la conexión directa entre esta evolución económica y los cambios sociales de las últimas décadas: la menor eficiencia y mayor derroche por parte de los servicios públicos y de las empresas privadas genera inflación, que a su vez se traduce en pérdida de poder adquisitivo debido a la cual el salario del padre deja de ser suficiente para mantener el nivel de vida de su familia; la mujer se ve obligada a trabajar fuera de casa y por lo tanto a plantearse si tiene sentido seguir aguantando un rol y a un marido sexistas; el movimiento feminista y el aumento del número de divorcios por lo tanto viene a ser consecuencia y no causa del hecho de que la mujer haya tenido que salir a trabajar fuera, y la liberación gay es otro efecto colateral de ese mismo cuestionamiento de los roles sexuales. Por último, el libro explica también el auge de todo tipo de sectas, no como una búsqueda de la espiritualidad, sino como una simple mercantilización del territorio de lo espiritual o paranormal, hasta entonces monopolizado por la iglesia tradicional. Mucho y muy rico contenido condensado en pocas páginas.

Más información:

http://francisco-ortiz.blogspot.com/2009/04/marvin-harris-la-cultura-norteamericana.html

miércoles, 18 de junio de 2014

Intolerancia cero de Santiago Illescas

Siempre pienso en este libro cuando voy a coger un avión y tengo que quitarme el abrigo, el cinturón, la cartera, el reloj, a veces los zapatos, tirar el agua, sacar el ordenador y abrirlo si lo llevo ... no sabe uno si va a entrar a una puerta de embarque o a un campo de concentración; y la humillación todavía va a ir a más cuando instalen las máquinas que directamente nos desnuden para comprobar que no somos un peligro para la seguridad del vuelo. Un amigo mío que creció en la antigua Alemania del Este me decía que en general se siente más controlado y vigilado ahora que en los tiempos de la dictadura. Supongamos que fuera cierto que todos los controles, cámaras de vigilancia y cacheos a los que nos sometemos habitualmente sirvan para disuadir a algún peligroso terrorista, cosa un tanto dudosa; aún así, ¿vale la pena el precio que estamos pagando? ¿que todos seamos tratados como posibles delincuentes y que los actos más cotidianos sean sometidos a procedimientos de seguridad propios de situaciones de máximo riesgo?

Este es el tema de Intolerancia cero. Denuncia la tendencia al morbo y al escándalo de los medios de comunicación, que sacan de quicio las noticias de sucesos para ganar audiencia creando una alarma social que los políticos oportunistas intentan rentabilizar creando normas restrictivas y contraproducentes. Y además hace algo mucho más importante: informar sin sensacionalismo de los datos reales de delincuencia que sufrimos en España, que son de los más bajos del mundo, y de la elevada tasa de población carcelaria que tenemos, absolutamente desproporcionada con los delitos que se cometen. Tenemos un sistema penal de los más restrictivos de los países llamados democráticos, mientras que los medios de comunicación se empeñan en dar la imagen de que las leyes son excesivamente suaves.

He aquí una muestra del libro, que es un tanto reiterativo pero ameno y claro:

La suposición de que la delincuencia aumenta y es cada vez más grave, estimulada por los medios de comunicación y firmemente arraigada en la representación colectiva, se mantiene sólida a lo largo del tiempo, al margen de la evolución real de las tasas delictivas. (...) Es como si, en materia de delincuencia, atendido el alarmismo existente y lo que se considera "políticamente correcto", estuviera vedado cualquier dato positivo, y necesariamente, contra toda información "científica" disponible, cualquier apreciación sobre el delito tuviera que ser pesimista, para que resulte coherente con las creencias colectivas.Enlaces con más información:http://www2.criminologos.net/uploads/766/240/Recensin_In-tolerancia_cero.pdf
http://www.revistaprotesis.com/2011/09/in-tolerancia-cero-santiago-redondo.html