Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad (Joseph Goebbels)
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jueves, 2 de abril de 2015

Las mujeres y el cine de Ann Kaplan



Para quien le interese la cuestión de los roles de género en el cine, este ensayo de Ann Kaplan podría ser una de las lecturas de cabecera tanto para introducirse en el tema como para profundizar en él. Está dividido en dos partes; en la primera se estudian a través de una serie de títulos emblemáticos de la época clásica de Hollywood los principales estereotipos mediante los que el cine crea, y en cierto sentido impone a la sociedad o al menos colabora junto a otros medios en su imposición, un determinado concepto de lo femenino: la heroína víctima y pasiva, el fetiche erótico y la femme fatale que representa una amenaza que debe ser dominada por el patriarcado suelen ser los principales moldes que sirven para la construcción de los personajes femeninos en el cine comercial.

Mientras esta primera parte constituiría una especie de "así no", arquetipos que, más que la mujer real, representarían las fantasías, preferencias o pesadillas masculinas, en la segunda tendríamos el "así sí", mujeres detrás de la cámara, normalmente en el cine de autor o fuera de los circuitos comerciales, que intentan plantear otro tipo de discursos y plasmar las inquietudes reales de unos personajes femeninos que son sujetos de la acción en lugar de ser mostradas como "el otro" para el punto de vista de un espectador masculino. 

Resulta interesante profundizar en una obra cinematográfica y escarbar en la forma de ver el mundo, y en este caso de modelar un discurso sobre lo que son o lo que deben ser los hombres o las mujeres, que existe como subtexto en ella, dejando de lado los tópicos superficiales de "sólo se trata de películas" o el simplismo inocentón de pensar que un film es solo evasión y no también un vehículo transmisor de una ideología. No obstante, conviene igualmente no olvidar que la tesis expuesta por la autora, como cualquier otra que pueda desarrollar cualquier otro estudioso, va a estar basada siempre en una generalización, y por lo tanto una simplificación, que deja de lado matices y excepciones a la norma que en ocasiones pueden ser muy importantes: no todos los papeles femeninos, ni siquiera en el cine clásico y mucho menos en el actual, pueden reducirse a los estereotipos sexistas que aquí se exponen. 

Y también se podría sacar punta a los ejemplos positivos de personajes femeninos expuestos en el libro: según la autora el silencio femenino es una forma de rebelión en el film Nathalie Granger de Marguerite Duras (también lo sería por lo tanto en El piano, de Jane Campion), pero no es difícil darle la vuelta a esa idea y acusar a las directoras de promover que las mujeres se mantengan pasivas y calladas. Y es que una obra audiovisual, o de cualquier forma de narrativa, puede ser recibida de muy diferentes formas por cada espectador, que a veces puede extraer una lectura muy diferente a las intenciones del autor, o bien puede descubrir una intención del autor oculta o poco transparente para otros espectadores, como expone otro ensayista, Alberto Mira, para el público gay en otro interesante ensayo, Miradas insumisas. 

Con todo y con eso, resulta llamativo que muchos de los estereotipos que Kaplan estudia en el libro en películas de hace setenta u ochenta años siguen siendo reconocibles en el cine actual; visto que parece volver a estar en boga defender la educación separada por sexos o minimizar el componente cultural en las diferencias entre los géneros achacándolas a la biología y a lo "natural", seguramente vuelve a ser importante leer acerca de cómo se construyen los géneros, también desde el cine.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Mi último suspiro de Luis Buñuel



Cuando Buñuel se animó a escribir su autobiografía en 1982, un año antes de morir, decidió ser tan iconoclasta y poco complaciente como lo había sido su obra durante muchas décadas; en lugar de unas memorias convencionales y nostálgicas en orden cronológico, Mi último suspiro es una sucesión de anécdotas y reflexiones sin un orden establecido que puede ser abierta y leída desde cualquier página y que se centra más en las experiencias vitales que en las profesionales del director; su sentido del pudor le permite muy pocas concesiones a la hora de hablar de su vida sentimental o familiar, pero sí se explaya más acerca de sus amigos, conocidos, su militancia surrealista o sus exilios mexicano y francés.

Con una ironía muy en consonancia con el tono de sus películas, es difícil saber cuánto hay de sinceridad y cuánto de provocación o ánimo de epatar en muchas de las afirmaciones de Buñuel (por ejemplo, que odia el Guernica de Picasso y que le encantaría quemarlo). Pretendiéndolo o sin pretenderlo, el genio de Calanda consigue innovar en un género a priori tan trillado como el de la autobiografía, plasmando no tanto una enumeración exhaustiva de datos y vivencias como un autorretrato y una forma de ver el mundo que complementa perfectamente su obra cinematográfica.

Más información:

viernes, 6 de marzo de 2015

Miradas insumisas de Alberto Mira



Con toda la información disponible en Internet sobre cualquier película, a veces no es fácil defender la necesidad o la conveniencia de un nuevo ensayo sobre cine. Pero Miradas insumisas se adapta a los nuevos tiempos: es el resultado de un estudio llevado a cabo durante dos años a través de su blog. El autor, Alberto Mira, no se ha limitado a investigar por su cuenta en búsqueda de películas con contenido o con mirada LGTB (Lésbica-Gay-Transexual-Bisexual), sino que ha tenido en consideración las aportaciones de los lectores del blog y ha aprendido de ellas.

El libro no llega a ser una obra 2.0, pero sí ofrece muchas veces diferentes versiones o lecturas de la misma película: estudia cómo títulos en su día polémicos por sostener un discurso presuntamente homófobo, como A la caza o Instinto básico, son interpretadas en otro sentido por muchos espectadores, al mismo tiempo que se plantea si otras obras en apariencia claves en la historia del cine gay acaban teniendo un discurso más convencional y menos liberador de lo que parece, como el caso de Brokeback mountain, que podría no suponer según el autor un gran avance desde Maurice, realizada 18 años antes. Y es que el público con sexualidades diferentes a la normativa heterosexista desarrolla lo que el autor denomina una mirada insumisa, es decir, subvierte y reinterpreta lo que ve en la pantalla para poder adaptarlo a su propia experiencia sexual y emocional.

Además de ser todo un tratado de historia del cine LGTB y la obra más ambiciosa y completa escrita en español acerca de la homo-bi-transexualidad en el cine, tal vez lo más interesante de este ensayo es que plantea un acercamiento al análisis fílmico bastante rompedor. No intenta valorar o indagar acerca de la intención del autor de la película, como suele ser lo habitual, sino que considera dichos propósitos como irrelevantes, o al menos como algo secundario frente a la recepción de la obra por parte de los espectadores. De poco importa si muchas estrellas, guionistas o directores tenían o no tendencias o comportamientos gays en su vida privada, ni si buscaban o no de manera consciente la complicidad del espectador gay, ni si este último está captando el verdadero sentido de la película o distorsionándolo para llevarlo a su terreno: lo realmente relevante es la vivencia del receptor de una obra y la vida propia que ésta acaba teniendo una vez producida.

Más información:
Liz Hamilton (blog en el que se inspira el libro)
Entrevista con el autor

miércoles, 29 de octubre de 2014

La cruzada contra el cine de Gregory Black


Solemos pensar que la censura sobre el cine es ejercida por el estado, las autoridades religiosas u otro órgano con poder ajeno al propio cine. Pero eso en Estados Unidos no es cierto; en el país del libre mercado hasta la censura es privada y la ejerce una institución, la MPAA (Motion Picture Association of America), a la que la industria somete voluntariamente sus películas. Si la MPAA considera que algunas escenas pueden resultar muy fuertes u ofensivas propone recortes; de no atenerse a esas recomendaciones, los productores, que en EEUU son considerados los autores de las películas, pueden estrenar su película sin el visto bueno de esta institución; las películas en ningún caso se prohíben. El problema es que la inmensa mayoría de las salas de cine norteamericanas están controladas por la MPAA y se niegan a exhibir películas que no hayan sido autorizadas; solamente unas pequeñas salas de Nueva York, San Francisco y alguna otra gran ciudad funcionan al margen de este casi monopolio.

Aún así, la situación actual es bastante mejor que la del pasado. Nos parece evidente que existan diferentes calificaciones para las películas (para todos los públicos, mayores de 13 años, mayores de 18) pero eso no ha sido así siempre ni mucho menos. De hecho la MPAA estableció este sistema a finales de los años 60 del siglo pasado; en las décadas anteriores el férreo código Hays de censura establecía escrupulosamente qué se podía ver y qué no en la gran pantalla. De no ser apta para todos los públicos, una película quedaba excluída de los circuitos comerciales y relegada a una distribución minoritaria.

La cruzada contra el cine forma un díptico, junto con Hollywood censurado, del mismo autor, que cuenta la historia del código Hays: de cómo las películas de los primeros años 30, antes de que existiera el código, eran mucho más libres que las de 30 años después, y da abundantes ejemplos de las obras arriesgadas que fueron transgrediendo las normas hasta llegar a su capitulación. Y la tesis más interesante del libro, ese recorrido acaba trasluciendo la razón de que la propia industria se sometiera a la censura: pese al daño artístico considerable que producía, en realidad el código no solía significar pérdidas económicas para una película de Hollywood, solamente molestias y unas cuantas escenas recortadas. En cambio sí servía para proteger al cine nacional de la competencia extranjera: las películas europeas y de terceros países, por lo general mucho más atrevidas que las norteamericanas a la hora de hablar de sexo, delincuencia, consumo de drogas, decadencia moral, corrupción y cualquier otro tema prohibido por la censura, eran casi siempre las víctimas del código Hays, que les negaba la posibilidad de una exhibición que les permitiera ser una auténtica competencia. La censura fue y sigue siendo una eficaz aliada de los intereses de Hollywood; el código fue suprimido en los años 60, precisamente cuando dejaba de favorecer los intereses de la industria, ya que el cine europeo estaba cogiendo fuerza al otro lado del Atlántico porque el público buscaba un cine menos ñoño y paternalista, y reemplazado por el sistema de censura actual que sigue cumpliendo con eficacia su función de dificultar, bajo una coartada de supuesta moral puritana, la difusión de cine extranjero.

Más información:

martes, 21 de octubre de 2014

Inside job de Charles Ferguson

Esta es una de las películas que con más sencillez y claridad ha explicado por qué nos encontramos en la situación en que nos encontramos ahora. Y con más éxito también; se trata de una producción de Hollywood, lo cual no deja de ser irónico, está narrada en off por una estrella como Matt Damon y ganó el Oscar al mejor documental de 2010.

Aunque ahora desde la prensa se llame radical o extremo a todo lo que no sea mostrarse servil con los intereses de la banca y de la ideología neocon, Inside job ni siquiera es una película anticapitalista; está dispuesta a aceptar que, más o menos y dentro de ciertas imperfecciones, todo iba bien en los EEUU capitalistas de los años 50-60. El crack del 29, consecuencia de la locura de un mercado que campaba a sus anchas sin apenas control estatal, había dado lugar a la expansión de regímenes brutales que propiciaron la segunda guerra mundial. Tras la hecatombe, era evidente que el modelo que se debía seguir para no repetir la experiencia se basaba en la economía keynesiana y el new deal del presidente Roosevelt: el estado debía controlar las transacciones financieras impidiendo las burbujas especulativas, cobrar aranceles a los productos importados para garantizar la supervivencia de las empresas locales, promover la libre competencia entre estas últimas evitando los mono y oligopolios,  cubrir las necesidades básicas de toda la población, garantizar el acceso de todos a la educación, la cultura y puestos de trabajo en condiciones dignas, etc. Con este sistema, la pobreza se redujo de manera muy notable, más o menos todo el mundo vivía bien y los ricos seguían siendo ricos y disfrutando de un nivel de vida mucho más alto que el resto.

Pero como nunca se puede contentar a todo el mundo, empezaron a surgir los primeros brotes del pensamiento que hoy llamamos liberal o neocon. La estupidez de algunos economistas que defendían una vuelta a los mercados desregulados y a la ley de la selva empresarial logró una sinergia perfecta con los intereses de los más ricos, que empezaron a promover la nueva ideología desde diferentes frentes: por una parte, introduciéndose en los gobiernos amparados por la imperfección de los sistemas democráticos, que conceden tratamientos privilegiados a la clase política permitiendo así conflictos de interés inadmisibles entre sus obligaciones como cargos públicos y sus intereses empresariales. Y por otra parte, financiando a académicos, periodistas y todo tipo de autores que defiendan esta ideología y ocultando que muchos estudios y artículos "científicos" supuestamente neutrales que difunden la buena nueva del neoliberalismo frente a los supuestos horrores del socialismo y de la intervención estatal están pagados por grandes bancos o empresas multinacionales y consisten en simple propaganda de sus intereses para generar lo que se llama una corriente de opinión pública favorable a la "libertad" empresarial siguiendo la máxima nazi que encabeza este blog, una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad.

El resultado ha sido la revocación de las leyes reguladoras del mercado durante las últimas decadas con los resultados que conocemos: incremento de la desigualdad social, del desempleo por el cierre de fábricas que no pueden competir con los precios de importaciones de países donde no existen los derechos laborales,  absorción de las empresas de la competencia en todos los sectores del mercado por parte de dos o tres corporaciones originando oligopolios, y sobre todo libertad de los bancos para seguir políticas de beneficio a corto plazo basadas en la venta de préstamos de alto o altísimo riesgo que, tras un corto período de enormes ganancias, derivan en un alto porcentaje de impagos y la consecuente quiebra de la institución. Y no olvidemos la aparición de las agencias de calificación, que supuestamente asesoran a los inversores acerca de cómo colocar mejor su dinero; sus calificaciones no están basadas en ninguna evidencia (de hecho los bancos quebrados en la crisis de 2008 tenían las mejores puntuaciones hasta el día antes de su bancarrota) sino que siguen intereses particulares. Pese a la evidencia de que estas agencias son un timo y están compradas, la prensa sigue dedicando portadas de periódicos a sus decisiones, y también haciéndose eco de la conocida cantinela de que la causa de la crisis es que el estado ha estado ofreciendo demasiados servicios a los ciudadanos y que las políticas que intentan promover la movilidad social y reducir la desigualdad no son sostenibles. Y no nos engañemos, esta tendencia se ha mantenido igual bajo los gobiernos de uno y de otro partido en EEUU, y añadiría que en el resto de países occidentales, por mucho que los intereses creados en torno al bipartidismo exageren las mínimas diferencias que existen entre ambos. Obama no ha hecho nada por replantearse y revocar la desregulación del sistema financiero, auténtica responsable de la crisis, y tampoco en Europa se está poniendo el cascabel al gato, sino que, sorprendentemente, por primera vez el viejo continente está defendiendo las tesis neoliberales con más fervor que Estados Unidos.

Por reprocharle algo a la película, es muy local y aborda una crisis global desde el punto de vista norteamericano. Otro día comento algun otro título menos conocido en el que se viaja más por el mundo viendo distintas caras de las consecuencias de la llamada libertad.

Más información:
http://www.sonyclassics.com/insidejob/
http://es.wikipedia.org/wiki/Inside_Job

jueves, 17 de julio de 2014

Cultura mainstream de Frédéric Martel

El periodista y sociólogo francés Frédéric Martel ha viajado por todo el mundo y se ha entrevistado con los responsables de los principales medios de comunicación de los cinco continentes para estudiar los fenómenos de masas en el mundo audiovisual. El libro resultante acaba siendo casi un análisis antropológico del mundo globalizado; leyéndolo podemos confirmar algunas cosas que podíamos intuir, como que gran parte del llamado "cine independiente" está producido y distribuido por los grandes estudios de Hollywood, que los norteamericanos no son capaces de exportar al mercado internacional la música country, y menos aún la música cristiana, a pesar de que son dos industrias nacionales muy poderosas, que los cantantes de toda Latinoamérica necesitan pasar por Miami para conocer el éxito fuera de su país, que los países europeos no están interesados en el cine producido por sus vecinos, o que solamente Hollywood realiza películas con ambiciones de penetrar ampliamente en el mercado internacional.

Otros datos ofrecidos por el libro no son en cambio tan vox populi, y leyéndolo uno se puede enterar de que a los chinos les encantan las películas norteamericanas pero ello no constituye una fuente relevante de beneficios para Hollywood porque la censura estatal limita los estrenos en salas y dispara la piratería, que en India, en cambio, prefieren su cine nacional al norteamericano y no por cuestión de censura sino porque el cinismo, la violencia y la desinhibición sexual del cine occidental chocan con su cultura, que es más proclive a películas más amables para toda la familia, que los culebrones egipcios triunfan en todo el mundo árabe, que el cine checo es enormemente popular en su país, que los grupos de música adolescente de Corea y Japón pegan muy fuerte en todo el sudeste asiático, o de por qué Al Yazira ha tenido un éxito tan rápido en los países musulmanes.

Cultura audiovisual, censura e intereses de las multinacionales son algunos de los temas abordados por un libro que está redactado también como un producto mainstream, de forma muy amena pero no por ello poco rigurosa. Es un libro eminentemente periodístico; se da muchísima información y es el lector el que debe elaborar sus conclusiones acerca de la manera en la que funcionan los imperios mediáticos, se crean las estrellas del espectáculo y cómo a veces las fronteras entre los países suponen barreras infranqueables para el flujo de información y cultura audiovisual y en cambio otras veces no lo son.

Más información:

http://haciendoelpino.wordpress.com/2011/05/25/entrevista-a-frederic-martel-autor-de-cultura-mainstream-hay-una-guerra-mundial-por-la-cultura-de-masas/
http://www.cineyletras.es/Libros/cultura-mainstream-como-nacen-los-fenomenos-de-masas-de-frederic-martel.html
http://www.editorialtaurus.com/es/libro/cultura-mainstream/